| Nuestro Prójimo |
|
|
|
| Escrito por Administrador |
| Jueves, 01 de Julio de 2010 19:26 |
Por un camino del sur de Palestina viajaba un hombre que, en un paraje peligroso fue asaltado por ladrones y despojado de todo su dinero. Además, fue tan golpeado que quedó tendido, medio muerto. Al poco tiempo pasó por el lugar un clérigo, y este observó al hombre pero siguió su camino. Más tarde, pasó por allí mismo otro religioso quien, acercándose, contempló al hombre golpeado y abandonado, pero aun así siguió tranquilamente su camino. En tercer lugar, acertó a pasar un samaritano, alguien que por la tradición de su pueblo debería haberse mostrado indiferente hacia el hombre robado, que era de nacionalidad judía. Sin embargo, tuvo compasión de el, se detuvo a su lado, comenzó a curar sus heridas y luego lo llevó a una posada cercana, para que pudiera reestablecerse por completo. Allí permaneció hasta el otro día junto al doliente, y todavía, antes de irse, pago los gastos del pobre hombre que había quedado sin dinero. Esta historia es tan sencilla y humana a la vez, narrada por Jesús hace 20 siglos, ilustra el contraste que hasta hoy sigue existiendo entre la frialdad por parte de unos, y el amor al prójimo por parte de otros. Cuantos al igual que los dos primeros viajeros del relato, cierran los ojos a las necesidades de sus semejantes, y se preguntan como el antiguo Caín: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” es decir: “¿Qué tengo que ver yo con el que ha caído en desgracia? Que cada uno se arregle por su cuenta”. Esto es lo que se comprobó tiempo atrás en Francia, donde, para estudiar la disposición de los automovilistas de ayudar a los accidentados, se colocó en una de las carreteras un muñeco que parecía ser un hombre atropellado. El experimento fue altamente revelador: 35 automovilistas pasaron por el lugar y se desviaron para no complicarse con aquel presunto hombre accidentado. Tan solo el conductor del auto numero 36 se detuvo para ofrecer su ayuda humanitaria. Cuan grande es la necesidad actual de hombres y mujeres que, a semejanza del buen samaritano del antiguo relato, sepan comprender sus deberes elementales hacia su prójimo desvalido. San Pablo declara que “ninguno de nosotros vive para si”, indicando con ello que la vida normal del hombre exige brindarse con amor hacia el alma necesitada. La actitud del buen samaritano resulta ser no solo un ejemplo noble, si no un fuerte reproche para todos los que, enfrascados en la pequeñez de su propio mundo, siguen su camino sin mostrar una minima dosis de afecto fraterno.
Al examinarnos a la luz de la historia narrada, ¿Cómo nos sentimos? ¿Reprochados o aprobados en nuestros actos? La vida que proporciona gozo, que Dios aprueba y que el mundo necesita ver es la vida motivada por el amor fraternal. ¿No le parece? A pesar de todo que linda es la Vida. www.stereofaro.com |



