| La Retribución del Amor |
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| Escrito por Administrador |
| Viernes, 04 de Junio de 2010 19:44 |
EL antiguo historiador Apiano, en el tomo 5 de su obra Maravillas de Egipto, describe un asombroso incidente que presenció personalmente en la ciudad de Roma, en los días de julio Cesar. En el inmenso circo donde se estaba exhibiendo ante el pueblo una batalla con fieras, fue traído el esclavo de un amo cruel del norte de África. El esclavo se llamaba Androcles. Y dice Apiano que cuando el león lo vio a la distancia, se detuvo como petrificado. Luego se fue aproximando lentamente hacia el hombre y empezó a lamerle las manos y los pies. Ante tan inusitada demostración de afecto, Androcles recupero su valor y observó con detenimiento al animal. Julio Cesar, maravillado por la escena que veían sus ojos, mando a llamar al esclavo y le pregunto la razón de tal incidente. Entonces Androcles relató una extraña y cautivante historia. Dijo que después de haber huido de su amo cruel, se escondió en una cueva del desierto. Un león entro ahí cojeando y sangrando de una pata. Por sus gemidos, se notaba que la herida le dolía intensamente. Al principio Androcles tuvo miedo. Pero el león le extendió la pata, y el esclavo pudo ver en ella una enorme espina clavada en la planta. Androcles se la saco y le vendo la pata lo mejor que pudo. Luego el león se acostó y durmió tranquilamente. Y ahora, varios años mas tarde, el león y el esclavo se encontraban dentro del circo en ese día memorable. Androcles era tratado por el león con la misma bondad con que el había cuidado a la fiera. Se cumplía así la milenaria palabra de Jesús: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia” (S. Mateo 5:7). Si estas palabras se cumplieron en el trato entre un hombre y un animal, ¿No han de cumplirse con mayor razón en las relaciones que establecemos con nuestro prójimo? ¡Cuantas veces olvidamos estas normas de relaciones humanas, y deseamos recibir un trato y un aprecio que nosotros mismos no estamos dispuestos a brindar! ¿No hemos de aprender a dar, antes de esperar recibir? E incluso dar no solo a aquel de quien esperamos recibir, porque como enseña el divino maestro, “si amáis a los que os aman, ¿Qué merito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿Qué merito tenéis? porque también los pecadores hacen lo mismo” (S. Lucas 6:32,33) ¿Comprendemos la lección? No hay mayor virtud en dar o amar a una persona que sabemos que nos retribuirá de la misma manera. Eso es simplemente un trueque, y lo hace cualquiera. Pero del cristiano se pide que ame aun al enemigo. Elevado ideal que Dios coloca delante de nosotros, recordándonos a la vez que tarde o temprano la gente nos devolverá según lo que demos. A pesar de todo… Que Linda es la Vida. www.stereofaro.com |



