| La Segunda Milla |
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| Escrito por Administrador |
| Martes, 18 de Mayo de 2010 02:33 |
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O estas palabras son una incesante, o encierran profunda sabiduría. Cuando el Maestro las pronunció, los judíos, sojuzgados por el poder romano, estaban obligados a llevar por una milla la carga de un soldado romano, si este lo pedía. Y Jesús tomó este hecho conocido y amargo para todos sus oyentes, para indicar la excelencia de aquel que es capaz de hacer algo más de lo que marca su obligación. La virtud del hombre –quiso decir el gran Maestro- esta en aquel que no se limita a hacer lo mínimo que se le exige en la vida. Este principio tan elevado y hasta casi imposible de cumplir, es sin embargo la clave de la prosperidad de cualquier persona. Cierta vez se quiso investigar hasta que medida los vendedores de tienda ponían en practica este principio de la llamada “Segunda Milla”. Varios comercios fueron visitados por un supuesto cliente, quien contaba que había perdido todo su equipaje en un viaje aéreo, y añadía “No tengo más que lo puesto. Quisiera comprar una camisa”. Y por extraño que parezca, en general los vendedores se limitaron a vender la camisa. Solo en la quinta tienda el vendedor se esforzó por venderle al cliente algo más que una camisa, en vista de que había perdido todo su equipaje. Los otros vendedores cumplieron con su obligación, recorrieron una milla, vendieron la sola camisa que se les pidió. Y allí terminó su labor, cuando estaban delante de un cliente que necesitaba toda clase de ropa. ¿Comprendemos el valor de practicar lo que Jesús llamó la “segunda milla”? No hay mayor mérito en cumplir exclusivamente con nuestro deber. Eso se da por sentado que debe hacerse, sencillamente porque es nuestra obligación. Lo que Jesús quiso inculcar fue la nobleza de aquel que sabe colocarse por encima de lo obligatorio, y hace con amor algo adicional a favor de su prójimo, no importa que este sea su enemigo, como ocurría con el soldado romano con respecto al hombre judío. Por cierto, no es fácil hacer algo más de lo que se nos pide. Pero precisamente allí esta la virtud del cristiano, que no mide su servicio por el cumplimiento frío del deber, sino que siempre procura hacer un poco más. Hay muchas tareas que no son obligatorias, pero que tampoco podemos pasar por alto si queremos mantener el espíritu de buenos cristianos. Un saludo cordial, una palabra de aliento, un gesto de perdón, una ayuda espontánea, un obsequio de amor, son todos actos adicionales a lo que fríamente nos indica nuestra obligación. Sin embargo cuanto mejora la vida realizando estos actos. Para cumplir nuestro deber basta con que seamos responsables. Pero para realizar ese poco más solicitado por el maestro se requiere un espíritu superior, un amor sin mezquindad alguna. Se necesita vivir en unión espiritual con el propio autor de esas sublimes palabras. A pesar de todo…Que linda es la Vida. www.stereofaro.com |



Una de las declaraciones cristianas que ha despertado más interrogantes y comentarios es la que dice: “A cualquiera que te obligue a llevar su carga por una milla, ve con el dos” (Mateo 5:41). 